jueves, 15 de mayo de 2014

PETiT PiERRE

A PETiT PiERRE le gustaba decir que nació "sin terminar". Medio ciego,
casi sordo y mudo, apenas sabia leer y escribir. A la edad de siete años
lo retiran de la escuela para confiarle el “oficio de los inocentes”: pastor.

En los campos, Petit Pierre observa la naturaleza, los animales, los
hombres que trabajan. La invasión de las máquinas en la vida del hombre
le deja perplejo y pasa sus días analizando el movimiento de los
aparatos con los que se topa. Solitario y fascinado por la velocidad a
la que cambia el mundo, pasa casi cuarenta años creando un carrusel, un
juego giratorio, una máquina poética de belleza singular, de tal rustica
complejidad mecánica que ni los ingenieros logran explicarla y que aún
hoy sigue girando con ensordecedor chirrido de hierros. Compruébalo en
este video...



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