lunes, 20 de julio de 2015

La estatua y el bosque~Marcha.

 17 julio, 2015 
Fotos por Juliana Calcagno, Natalia Saá, Andrés Alvarez y Julieta Dorin / Texto por Nadia Fink
En la 9 de julio en el medio del centro porteño, desde hace cinco meses acampan ellos y ellas, los qom. Llegaron desde la comunidad La Primavera, en la provincia de Formosa, para pedir por sus tierras, para que los protejan, para que no los mate, allá, el poder que les arrasa la vida y las tierras.
Parecen invisibles, pero no lo son: están ahí, en el acampe QOPIWINI para hacerse ver, para que el gobierno de Gildo Insfrán, alineado con el gobierno nacional, no siga criminalizando su estar en el mundo. Allí están, resistiendo el frío tan diferente de su provincia de origen, soportando los ruidos tan distintos a los de su naturaleza, ignorados hasta ahora por las autoridades que atienden en la metrópolis.
A unas cuadras de allí, cerca del río, se erigía la estatua de Juana Azurduy. Un acto de dignidad y de reivindicación para una heroína de las luchas de la independencia del Virreinato del Río de La Plata. La guerrera del Alto Perú que rescatan en Bolivia desde hace años y que acá viene abriéndose paso a puro sablazo.
En el medio, el destierro de Colón, el conquistador que miraba al río y traía a Europa para hacer arrodillar a los originarios de estas tierras. En su lugar, la Juana, tenienta coronela y mujer indígena, que comandaba las tropas llevando tras de sí el brazo libertario de campesinos y pueblos originarios.
Una heroína que hermana a Bolivia y a la Argentina, y en la que estuvieron trabajando por años ambos presidentes. Por eso Evo Morales llegó para inaugurarla junto con la presidenta Cristina Fernández. Celebramos, claro está, la reivindicación de Juana, y en ella a tantas mujeres luchadoras por la independencia que quedaron ocultas en la historia, relegadas a figuras decorativas o acompañantes de tertulias, costuras de banderas o maridos luchadores.
Pero mientras Juana se erige estática en el centro porteño, en Tafí del Valle la comunidad del Pueblo Diaguita sufría  un intento de desalojo a pura bala de plomo, los Mapuches resisten en Villa La Angostura, en el sur argentino; en Chaco los Wichís pelean contra la mortalidad y la pobreza, en Tartagal, Salta, trabajadores de Misión Cherenta migran cada año en busca de empleo y en pleno centro porteño, también, un acampe recuerda que no se tapa un bosque con un monumento y que la historia se escribe todos los días, cerca de los seres humanos y lejos del bronce.

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